Trafalgar, antes y después

  • Reinado de Carlos IV de España
  • Angel Díaz del Rio
  • libro
  • Rústica
  • 240
  • 24x17 cms
  • 978-84-9428-471-7
Trafalgar, antes y después

Carlos II (1700) legaba todas las posesiones de la monarquía española al duque de Anjou, que pasaba a reinar en España como Felipe V. Impedía, así, que las naciones europeas se repartiesen amigablemente tan suculento botín. Cesaba la Casa de Austria y daba comienzo la de los Borbón. Cuando Carlos IV ascendía al trono (1788) se presagiaban en España tiempos turbulentos.

Patiño, secundado por un grupo de personajes muy valiosos, daba un fuerte impulso a la nación. El enciclopedismo -la ilustración- se enraizaba en Francia. En 1789 las turbas revolucionarias asaltaban la Bastilla. Aparecían los Robespierre, Marat y Danton. En 1791 Francia se daba una nueva Constitución monárquica, liberal y democrática, que era sustituida por otra en 1793 en la que se negaban los derechos de los ciudadanos. El sanguinario régimen de terror imperante daba fin en 1794.

Cuando Carlos IV ascendía al trono (1788) se presagiaban en España tiempos turbulentos. La designación de Godoy como valido iba a resultar letal. Con la Marina desatendida, con tripulaciones incompletas y faltas de adiestramiento, su enfrentamiento a la nota inglesa %u2014 plenamente respaldada por su gobierno y toda la ciudadanía- resultaba muy comprometido. Los pactos de familia y la alianza naval con Francia nos eran muy perjudiciales.

Napoleón fracasaba en su intento de acabar con la supremacía inglesa. Sus victorias en el continente europeo, por el contrario, asombraban al mundo; pero su trágica retirada desde Moscú, y la derrota de sus ejércitos en España, acababan con su Grande Armée. Vencido de forma definitiva en Waterloo (1815) y desterrado a la isla de Santa Elena, moría en 1821. Tras veintidós años de guerras, y una escalofriante pérdida de vidas humanas, el ciclo revolucionario llegaba a su fin. En Francia se volvía a implantar la monarquía constitucional de 1791.

España, deshecha y arruinada, se enfrentaba a un siglo XIX lleno de estériles luchas políticas y nuevos enemigos que la conducirían a la pérdida total de sus colonias.